[Gen.2019]

Saelia Aparicio Torinos

(Valladolid, 1982)

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Vive en una isla secreta en Londres  

 

Saelia Aparicio se graduó en Escultura en el Royal College of Art de Londres en 2015.  Actualmente está representada por la galería Belmacz de Londres y colabora con Sans Titre 2016, un espacio nómada de proyectos con sede en París. Entre sus exposiciones individuales destacan Cadena atrófica (Murcia, 2018, en colaboración con la diseñadora Attua, de Silo Studio), Your Consequences Have Actions (The Tetley, Leeds, Reino Unido, 2017), Peaks & Troughs (Turf Projects, Londres, 2017), Burning with Joy (ASC Gallery, Londres, 2016) y Espeleología epidérmica (DA2, Salamanca, 2015). Ha participado en exposiciones colectivas como Bloomberg New Contemporaries (Bluecoat, Liverpool, e ICA, Londres, 2016), Retour sur Mulholland Drive (La Panacée, Montpellier, Francia, 2017, comisariada por Nicolas Bourriaud) y A Mysterical Day (Serpentine Galleries, Londres, 2016, comisariada por Tai Shani). En 2016 fue artista residente en SeMA NANJI (parte del Museo de Arte de Seúl, en Corea del Sur). En 2017 recibió el premio Workweek, otorgado por Artquest, y obtuvo la beca concedida por New Contemporaries’ Studio Bursary with Sarabande: The Lee Alexander McQueen Foundation, donde presentará su exposición individual Smudging Gooey Air. 

 

Prótesis para invertebrados

2018

Plástico, yeso con capas de polvo de mármol, pintura, resina epoxi.  

100 x 47 x 14 cm aprox. 

Imágenes edición Generación 2019 ©Manuel Blanco/La Casa Encendida 2019

Imágenes exposición Veinticuatro años y un día ©Maru Serrano/La Casa Encendida 2025 

Una conversación entre Saelia Aparicio & Juliette Desorgues 

JD En tu obra se explora a menudo el cuerpo, pero el tipo de cuerpo que representas, tanto en esculturas como en dibujos, es siempre híbrido, parte humano y parte animal de otro mundo; o tal vez, de alguna manera, no sea ni lo uno ni lo otro. Son seres que parecen flotar en una existencia intersticial, tanto en lo físico como en lo temporal; proceden de un mundo de ficción y, sin embargo, poseen todos los tropos de la cultura contemporánea. Con frecuencia se representan por partes: un brazo, una pierna, una cabeza… ¿Qué aspecto de esta parcialidad te interesa? ¿Eso es algo que has tenido en mente al realizar esta nueva obra? 

SA La instalación, que he llamado Prótesis para invertebrados, estará poblada por híbridos de órganos internos humanos, babosas de mar, prótesis humanas y objetos cotidianos que las corrientes han desplazado hasta el fondo del mar. De hecho, el proyecto surgió cuando me topé con el trabajo de un científico que había estudiado las profundidades del océano, en concreto la fosa de las Marianas. La cuestión es que descubrió unos niveles de contaminación increíblemente altos en las aguas abisales; mucho más de lo que cabría esperar. Este hallazgo me pareció fascinante, pues me interesa la idea del impacto incontrolable de la actividad humana en la naturaleza. Siempre me han atraído las facetas de lo desconocido que escapan al pensamiento y a la actividad de los humanos, lo desconocido que ocurre dentro de lo desconocido, minando el culto al progreso de la sociedad neocapitalista. Cuanto más se aleja el cuerpo del lenguaje del paradigma “blanco, hombre, sano, rico, educado y heteronormativo”, menos empatía y consideración despierta. Y lo mismo sucede con otras especies. Los seres híbridos de otro mundo que pueblan mi obra emergen de algún modo de mi interés por esta idea. 

JD Me interesa el hecho de que los cuerpos que representas se encuentren en un proceso de envejecimiento y deterioro. ¿Por qué te atraen artísticamente esos estados? 

SA En mis creaciones, esos procesos nacen de mi interés por la obra de Julia Kristeva, en concreto por sus textos sobre la noción de lo “abyecto”, que subyace en la instalación de La Casa Encendida. Como humanos, sentimos asco cuando nos enfrentamos a estados de depravación y horror. Estas reacciones físicas y emocionales son —como explica Kristeva— una manera de distinguirnos de los animales y de protegernos de la inevitabilidad de la muerte. No obstante, a mí me interesan mucho esos estados en sí mismos. El cuerpo humano está en un estado constante de transformación, sucumbiendo y evolucionando como consecuencia de numerosos procesos orgánicos que incluyen el deterioro, la descomposición y la fermentación. Estos procesos, impulsados por diversos tipos de bacterias, tienen un poderoso efecto en nosotros, tanto fisiológico como psicológico, aunque a menudo estén lejos de nuestra conciencia cotidiana. Existen dentro de nuestros cuerpos, bajo varias capas de grasa, de piel, de huesos, en nuestros misteriosos interiores, pero a menudo se ven como algo negativo, pues se asocian con la enfermedad y la mala salud, aunque en realidad nuestros cuerpos no podrían funcionar sin ellos. Como sociedad, estamos obsesionados por la limpieza. Los productos antibacterianos se publicitan como garantía de una vida saludable, cuando lo cierto es que su consumo está debilitando nuestros sistemas inmunológicos. En mi obra los considero como parte de un proceso, de un ciclo, no sólo como un final o un punto de partida. Esta obsesión por la limpieza está vinculada a nuestro miedo a la muerte y a las emociones negativas, así como al modo en que esto se traduce en otras cualidades morales, como la pureza o la respetabilidad. 

JD Paradójicamente, tu obra también está impregnada por un carácter juguetón. Sí, los cuerpos están fragmentados y se deterioran, pero hay cierta ligereza en tu manera de representarlos: los colores intensos, los materiales blandos y los contornos que los modelan, como ocurre por ejemplo en tus dibujos. ¿Qué aspecto del humor te interesa como forma de expresión? 

SA En el conjunto de mi obra creo distintas dimensiones en las que se desarrollan de diversas maneras múltiples convenciones. En esta exposición, la obra reflexiona sobre el impacto humano en la naturaleza en la era antropocéntrica y sobre cómo las sustancias contaminantes afectan a los distintos organismos. También me interesa la diversidad de formas, ya sean sintéticas u orgánicas, y la posibilidad de desdibujar los límites entre lo que la sociedad considera malo o bueno para el medioambiente y para nuestros cuerpos. Como respuesta a este contexto, suelo adoptar actitudes hiperenérgicas y descaradas, pero conservando siempre un tono melancólico más oscuro. Cuando trabajo, tengo en cuenta la semántica de los materiales que utilizo, así como ideas preexistentes, e intento combinar al menos dos conceptos antagónicos y someterlos a las convenciones del lenguaje. Suelo trabajar con objetos cotidianos blandos, como moldes, bolsas, zapatos, globos o guantes, que después retuerzo. Las formas quedan atrapadas en un espacio intermedio, asemejándose a emoticonos, a órganos o extremidades distorsionados.  

Se vuelven amorfas y cobran vida propia, una vida que es a la vez atormentada y traviesa. Es interesante pero también asqueroso, Así, la obra queda integrada en un humor negro y absurdo pero también esperanzado. 

JD Volviendo a la influencia de Kristeva y a la fascinación subyacente por lo horrible o lo repugnante en tus creaciones, esta ambigüedad, de la que también hablas, plantea un dilema bastante nihilista. Tus instalaciones muestran un mundo presente o futuro lleno de esperanza, pero también oscuro, como si se tratara de algún tipo de relato distópico de ciencia ficción. 

SA Sí, me atraen los relatos de ciencia ficción, sobre todo las historias de manga y anime, como Alita, Homunculus, Parasyte: The Maxim, Paranoia Agent o Hale Nochi Guu, pero también escritores como Jeff VanderMeer, Octavia E. Butler y Horacio Quiroga, por mencionar sólo algunos. Me interesa el hecho de que ofrezcan distintas posibilidades, distintas alternativas a nuestra realidad, como si estuviéramos habitados por un mundo regido por una lógica propia de los dibujos animados y, al mismo tiempo, por una oscuridad amable. Un mundo que tiene sentido en sus propios términos. El mundo en el que estamos ahora.