Me costó tres intentos conseguir un visado para vivir un par de años en EE UU. Un visado es una gracia, no un derecho, así que, si no te lo conceden, no puedes reclamar; sin embargo, es lo que te define y te permite el derecho de estar en ese lugar. Cuando llegué a NY en 2001, unos meses después del 11-S, conocí a Zaloa. Ella llevaba ya años en la ciudad y su visado expiraba en unos meses. Este proyecto parte de un material que filmé hace casi tres años y es, ante todo, la historia de cómo Zaloa consiguió un visado de modelo, sin haberlo sido nunca, para poder quedarse en NY. Ayudé a Zaloa a diseñar su book. Yo intentaba entonces escribir un guión de cine y le propuse a Zaloa filmar su experiencia, que tenía mucha relación con la línea de trabajo que yo venía y vengo desarrollando sobre la apropiación, por parte del lenguaje artístico, del lenguaje documental como un profuso modo de aproximación a lo real, a una dimensión social y a los modos de construir identidades en la actualidad. Siempre desarrollo mis proyectos artísticos a partir de vivencias personales, historias individuales mínimas pero que soportan una compleja estructura de sistema.
Escribimos un guión conjuntamente. Aunque era extraño que Zaloa se aprendiera sus propias palabras de memoria, ella ya había memorizado un “guión” durante el proceso real de solicitud de visado: el mismo sistema de abogados y agencias la había empujado a crear un personaje. Ahí fue donde el proyecto empezó a convertirse en un documental sobre una ficción, sobre la inevitable sumisión a los mecanismos de ficción y espectáculo como modos de ser sujeto en nuestra sociedad. Sin embargo, el trabajo ha empezadoeste año durante el proceso de edición porque ha sido en él donde la narración se ha construido. El largo tiempo entre la filmación del primer material y el montaje me ha permitido revisar lo filmado y utilizarlo en un sentido más abstracto, menos descriptivo, fragmentándolo y haciéndolo permeable a interferencias de otros materiales. A la vez que conservé los momentos de clímax, desenlace, tensión y dramatismo narrativo propios del cine, recuperé la pesada estructura cinematográfica en sí, su making off, para mostrar no sólo la obra sino también su montaje como metáfora del hecho real. Hacer escuchar la voz de la directora, el ruido del motor de la cámara o el sonido de la claqueta transmite una idea para mi fundamental: presentar un montaje como tensión entre imágenes, escenas, conceptos, deseos y fines. Incorporé material diverso: foto fija del book de modelo, elementos gráficos de una campaña publicitaria del gobierno neoyorquino a raíz de los atentados y una conversación con Zaloa en vídeo donde se habla del porqué, cómo y qué se filmó. Me interesaba mostrar el contraste entre la representación del cine y el análisis del vídeo y también plantear qué puede generar emocionalmente una ciudad como NY para que alguien haga semejante esfuerzo con el fin de permanecer en ella.
Otro eje fundamental de este proyecto es su formalización, su puesta en escena, como en todas mis videoinstalaciones; el cómo y el dónde se proyecta el vídeo, el sentido de espacio que genera, es clave. En este proyecto, escogí la valla publicitaria como pantalla de proyección y objeto de la videoinstalación porque la considero un soporte de ficción ejemplar, un paradigma de la construcción de identidad en nuestros espacios públicos. Al ser soporte para vender productos, pedir votos o generar conciencias, coincidía con lo que la misma historia narraba y respondía a la voluntad de devolver el material del montaje al espacio que le es propio: ¿dónde están las modelos sino en las vallas publicitarias de nuestros espacios públicos?, ¿no está el cuerpo de la mujer tan utilizado y dirigido como nuestros espacios sociales? Por otro lado, me divertía la idea de imaginar una valla publicitaria que publicitara algo y mostrara a la vez la crítica de lo que estaba publicitando.
Utilicé la mirada a cámara porque permitía la idea del espectador como cómplice, como otro actor del no-lugar. También estaba la idea de crear un objeto contundente en su mensaje pero ambiguo en su aspecto para posibilitar un doble uso, una doble identidad: objeto artístico, cuando esté en un espacio expositivo convencional, y objeto “real”, capaz de competir en el espacio público, cuando esté en el exterior. Finalmente decidí la elaboración de un póster de gran formato que completara el montaje, presentándolo simultáneamente como material impreso con información teórica y crítica, como soporte de ficción y propaganda del proyecto, y como elemento para intervenir en soportes publicitarios.
En definitiva, se trata de un montaje documental sobre una mentira, y lo que pretende, sin embargo, es mostrar que esta mentira está inmersa en un complejo entramado que la convierte, en una gran verdad, en una realidad.