El título Txukela proviene de la palabra “perro” en el habla de los gitanos que viven en el País Vasco, el erromintxela, una forma criollizada del romaní con grandes influencias léxicas del euskera. Este título hace referencia a un fragmento de un haiku del escritor japonés Kobayashi Issa, “Perro dormido”, que es asimismo el título del anterior proyecto de Claudia Rebeca Lorenzo.
Una de las características de los poemas japoneses denominados haikus es la contemplación e inclusión de todos los elementos simbólicos que se encuentran en el tejido social, generando contrastes entre la llamada cultura popular y la alta cultura. La artista muestra un especial interés por Issa, pues este autor japonés emplea un lenguaje más desordenado e impulsivo que en el haiku tradicional, incluyendo argot e incluso palabras en chino. También se interesa por el carácter de diario que encuentra en el haiku, que, partiendo de lo cotidiano, le permite trasladar ese aspecto a su trabajo en forma de impresiones plásticas de lo vivido. Esta cuestión es fundamental en la práctica de la artista pues, además de abordar en su trabajo las cuestiones materiales de la propia disciplina, en éste se entremezclan, inevitablemente, aspectos biográficos.
En Txukela, Claudia Rebeca Lorenzo continúa dando forma —y cubriendo con celo— a sus esculturas, gestando piezas durante el proceso que terminan por convertirse en bustos. Le interesa especialmente el peso simbólico que el busto ha tenido a lo largo de la historia del arte, desde los bustos cicládicos, pasando por los retratos de Nefertiti, hasta los bustos de Bruce Nauman —si hablamos de un contexto contemporáneo— o incluso los primeros trabajos de Lucio Fontana.