[Gen.2020]

Claudia Rebeca Lorenzo

(La Rioja, 1988)

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Licenciada en Bellas Artes y máster en Investigación y Creación, ambos por la Universidad del País Vasco/EHU, Claudia Rebeca Lorenzo ha participado en la escuela de arte experimental Kalostra de San Sebastián y en el Programa de Estudios Independientes del Museu d’Art Contemporani de Barcelona dirigido por Paul B. Preciado.

 

Ha realizado residencias artísticas en la NauEstruch de Sabadell (2017) y en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera de San Sebastián (2019). Entre sus exposiciones individuales y colectivas más recientes destacan Cabeza, frente, Cabeza en Salón (Madrid), Bi Dos Two en el Azkuna Zentroa (Bilbao), Neta Inu Ni en Torre de Ariz (Basauri, Vizcaya), La primera piedra en el centro Hangar (Barcelona), Herlieve en Ciudadela (Pamplona), Pliegue en la sala OKELA (Bilbao) y Ertibil en la Sala Rekalde (Bilbao). También ha mostrado obra en la CALL 2017 y en la galería Luis Adelantado de Valencia.

Txukela

2020

Óleo en barra y ceras sobre papel y escultura de metal, plástico, pintura sintética y escayola.
Óleo 140 x 65 cm.; Escultura 100 x 100 x 80 cm.

Imágenes edición Generación 2020 ©Manuel Blanco/La Casa Encendida 2020

Imágenes exposición Veinticuatro años y un día ©Maru Serrano/La Casa Encendida 2025   

El título Txukela proviene de la palabra “perro” en el habla de los gitanos que viven en el País Vasco, el erromintxela, una forma criollizada del romaní con grandes influencias léxicas del euskera. Este título hace referencia a un fragmento de un haiku del escritor japonés Kobayashi Issa, “Perro dormido”, que es asimismo el título del anterior proyecto de Claudia Rebeca Lorenzo.

Una de las características de los poemas japoneses denominados haikus es la contemplación e inclusión de todos los elementos simbólicos que se encuentran en el tejido social, generando contrastes entre la llamada cultura popular y la alta cultura. La artista muestra un especial interés por Issa, pues este autor japonés emplea un lenguaje más desordenado e impulsivo que en el haiku tradicional, incluyendo argot e incluso palabras en chino. También se interesa por el carácter de diario que encuentra en el haiku, que, partiendo de lo cotidiano, le permite trasladar ese aspecto a su trabajo en forma de impresiones plásticas de lo vivido. Esta cuestión es fundamental en la práctica de la artista pues, además de abordar en su trabajo las cuestiones materiales de la propia disciplina, en éste se entremezclan, inevitablemente, aspectos biográficos.

En Txukela, Claudia Rebeca Lorenzo continúa dando forma —y cubriendo con celo— a sus esculturas, gestando piezas durante el proceso que terminan por convertirse en bustos. Le interesa especialmente el peso simbólico que el busto ha tenido a lo largo de la historia del arte, desde los bustos cicládicos, pasando por los retratos de Nefertiti, hasta los bustos de Bruce Nauman —si hablamos de un contexto contemporáneo— o incluso los primeros trabajos de Lucio Fontana.