Este vídeo muestra, de forma satírica, el desconsuelo de un joven deportista que se ve empujado a convertirse, de la noche a la mañana, en un videoartista. Es algo que ni tan siquiera hubiera pasado por su cabeza a no ser por el extraño mystique que lo atrapó súbitamente y que ahora amenaza con quedarse “por absolutamente un tiempo largo”.
El mystique se presenta aquí como el enigma, la gracia o el don que hace del artista un ser especial, con una vida y unas necesidades especiales. Este ideal romántico que todavía hoy prevalece es un arma de doble filo que no hace más que enfrentar al artista con la realidad de su época. Si, como futbolista, el futuro del protagonista quedaba enmarcado dentro de unos patrones muy definidos y aceptados socialmente –en cuanto a que van ligados a una cierta idea de triunfo, juventud, superación personal, etc.–, ahora, en cambio, se abre frente a él y frente a los que lo rodean una gran incógnita.
La figura del videoartista se maneja con naturalidad sólo dentro de los restringidos círculos del arte contemporáneo. Así pues, ¿cómo contar esta transformación a tu madre, a tu entrenador, a los compañeros de tu equipo, a tu novia, y no pasar por raro, caprichoso o gay? Pero, una vez superada esta fase, empieza lo más difícil, en los entresijos del arte español –plagado de desconfianzas– y su eterna cruzada contra la banalidad y las modas que nos llegan siempre de fuera y en inglés.