El conferenciante, según mi reciente conocimiento, es una persona que, periódicamente, dice lo que él se sabe. No he dicho: lo que sabe, sino lo que se sabe. Ahora bien, por uno de esos juegos del idioma, esta segunda expresión necesita del pronombre personal, porque, si no, su significado, indefinido, podría ofrecer una interpretación muy distinta. Así que, repito: si el conferenciante dice “lo que él se sabe”. Pero tampoco es que diga “lo que él sabe”, cosa que sería una determinación intachable, sino que él dice “lo que él se sabe”.
(…) Es como si dijéramos: Fulano “ya” “se sabe” la conferencia. O, si queréis ser más exactos: Fulano “ya” “se sabe” “su conferencia”.
(…) Fulano (que es una cuestión aparte) “ya” (entre comillas) equivale a decir que a partir de ese momento no tiene por qué inquietarse cuando se le invita o se le pide que dé una conferencia. “Se sabe” (entre comillas) viene a ser como la identificación conferenciante-conferencia; o sea, la comunión perfecta entre fulano y sus palabras, las cuales, ¡qué duda cabe!, son suyas y son las suyas. Y por último “su conferencia” (entre comillas); es decir, aquello que con gran esfuerzo ha confeccionado como su testimonio personal, lo que viene a sr el testimonio de su persona.
Resumiendo: “Fulano ya se sabe su conferencia” es la quintaesencia de la inutilidad. Y es inútil precisamente porque ya está logrado. Saberse la conferencia es la situación idónea para no darla. Es inútil el hecho directo y final de dar la conferencia, porque, para el que la da, está ya dicha.
[Extracto del texto “¿Qué es dar una conferencia?”, de Valcárcel Medina, publicado en Ir y venir de Valcárcel Medina, Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, 2002]