[Gen.2000]

Javier Peñafiel

(Zaragoza, 1964)

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Licenciado en Filosofía, Universidad de Zaragoza 

 

Exposiciones individuales [Colección] 

1999 “Maltrato”. Sala Montcada, Fundación La Caixa, Barcelona 

“Egolactante”, Bienal de Amposta 

1998 “Agencia de intervención en la sentimentalidad”. La Capella, Barcelona 

1997 “Hiperdrama”. Galería Antonio de Barnola, Barcelona 

1995 “Común”. Museo Pablo Serrano, Zaragoza 

1994 “Espais de desig”. La Capella, Barcelona 

 

Exposiciones colectivas [selección] 

1999 Salvador Dalí Museum, San Petersburgh, Florida, EE UU 

“Club”. Museu de Granollers 

1998 “5”. Galería Luis Adelantado, Valencia 

1997 Galería Gingko, Madrid 

Kunstforum Berlin 97. Galería Antonio de Barnola. Berlín 

“Registo de ideas”. Galería Antonio de Barnola. Barcelona 

1996 “New Art from Barcelona”. APT Gallery, Londres 

“Lento”. Galería Ginkgo, Madrid 

“En el rastre de la Llum”. Museu de Granollers 

“Propuesta 96”. Círculo de Bellas Artes, Madrid 

“Se Alquila 1”. Barcelona 

Transmission Gallery, Glasgow 

1994 “Excéntricos”. Cruce, Madrid 

Maltrato

1999

Vídeo monocanal con sonido 

19’ 

Imágenes edición Generación 2000 ©Tomás Antelo 

Imágenes exposición Veinticuatro años y un día ©Maru Serrano/La Casa Encendida 2025 

Somos políticos lo queramos o no. El problema está en cómo ser esquivos, en cómo asegurar un margen crítico y comprometido para el arte que no se vea envuelto y absorbido por los argumentos institucionales, de poder o de lo políticamente correcto. Cómo mostrar nuestro extrañamiento del mundo. Un mundo que nos es extraño más que nada porque lo construimos como una barrera en la que quedar a recaudo, como un muro de flores. 

En la vídeo-proyección de Javier Peñáfiel “Maltrato” un muro de flores, un panel de belleza sin fisuras, sin connotaciones, poco a poco, es disparado. En cada tiro los pétalos salen volando, son perforados o quedan empotrados contra una plancha metálica. 

La belleza es la parte visible de todo aquello que atañe a nuestras aspiraciones personales, es el símbolo de la confianza que depositamos en los proyectos estéticos, en la cultura; es la tapa que construimos sobre nuestro estar en el mundo. Y, sin embargo, es sometida a un maltrato constante.  

El trabajo presentado es perverso porque no hay crítica en ese maltrato, sin un cierto regocijo cínico que se ceba en él, utilizando como arma principal el sentido del humor. Reclama una lentitud frente a la velocidad de las imágenes, una cierta detención en el tiempo y en su misma crueldad ofrece una imagen de belleza: los pétalos volando lentamente, empotrados contra el muro, el balín perfecto… El panel de flores pone en marcha una metáfora directa que usa la misma trampa de la belleza en la que nos gusta creer, que entra visual y visceralmente, para mostrarnos el mundo en el que nos gustaría vivir, no una crítica explícita a la realidad en que vivimos, sino el mundo que ya habitamos, que cada día construimos y que de manera cínica nos gusta maltratar. 

[David G. Torres, “Salir a la calle y reírse al azar”]