La búsqueda cómplice.
-Pedro Medina Reinón
Pablo Serret de Ena podría ser un verso libre que generosamente se entrega a la polifonía de un tiempo compartido y al análisis de su entorno. Interesado en realidades más allá de los clichés habituales, desvela prácticas de poder o insospechados espacios comunes que le acercan a formas de “identidad” –ese gran caballo de batalla del arte contemporáneo– ahora percibidas bajo un incesante cambio, el cual, sin embargo, no anula una huella rastreable en diversas y lábiles culturas. En ellas se sumerge Serret de Ena gracias a una formación multidisciplinar e internacional, que le permite activar elaborados procesos de participación colectiva, creando un itinerario personal donde poder, comunicación y sonido son los ejes de una ecuación in progress. Sus primeros trabajos estudiaban el poder a través de la memoria común, como es palpable en esos paisajes domésticos que cuestionan iconografías políticas en I shot the Sheriff (2008) y en la intervención editorial Greedy (2009). Va apareciendo entonces esa otra variable básica para examinar el poder: la comunicación, que investiga como docente, en sus proyectos editoriales y en trabajos artísticos como Spam (2010) o Juventud infinita (2010), donde lo público se vincula a dinámicas en red. De esta forma, su trayectoria artística se consolida a través de su experimentación con varios lenguajes, hallando en el trabajo fotográfico una notable solvencia. Con frecuencia, éste se convierte en un laboratorio antropológico donde instaurar nuevas relaciones, activando así un atento análisis de varias cuestiones globales de actualidad a partir de la observación de una práctica local. Estas preocupaciones confluyen de manera especial en distintas facetas musicales: como batería, constructor de instrumentos, y en instalaciones artísticas, como Megáfonos laicos (2009) y Cañón acústico (2010), que albergan la relación entre poder y comunicación en un diálogo que va del Sahara a Cartagena. Todo se vuelve comunicación, y es por ello que cobran relevancia sus experiencias docentes, como las llevadas a cabo con un variado grupo de alumnos sin conocimientos musicales, pero que lograron realizar un concierto Fluxus en Giganto (2008); al tiempo que demostraba un peculiar interés por el proceso mismo en Crash (2009), unas prácticas de deconstrucción artesanal cuyas distintas fases generaron un gran laboratorio de pensamiento sobre los espacios que habitamos. Al trazar sus narraciones, Serret de Ena puede volver al entusiasmo del origen, que da pie a nuevos procesos de identidad, tras los que se entrevé su propia biografía, para hacernos reflexionar sobre la intemperie de nuestro presente. Así, de Estados Unidos a Finlandia, su creatividad crece asociada a un viaje personal que se mueve en los márgenes de la Historia, habitando su límite para imaginar un relato que compartir con cada espectador, lejos de la espectacularidad de nuestros días y de fáciles soluciones, estableciendo una complicidad que es capaz de hablar íntimamente de nuestro mundo.