Noone, Allness.
-Melanie Bühler
El consumismo ha convertido los bienes en cosas mágicas —“figuras autónomas con vida propia”, como reza la famosa cita de Marx—. Dicho de otro modo: los bienes de consumo no reflejan la forma en la que han sido hechos, ni por quien. Y este hecho no hace más que acentuarse a medida que la mano de obra y la producción se externalizan a países pobres.
En su trabajo, Rubén Grilo desfetichiza esos objetos que nos rodean, perfectos y listos para ser consumidos, desmontando e invirtiendo sus procesos de producción, dirigiendo nuestra atención hacia los materiales, las técnicas y el trabajo que intervienen en su fabricación. Moldes de chocolate, espuma de alta densidad, pasta de modelar como la que se utiliza en el diseño de automoción o una unidad de medida obsoleta como el “codo” tienen un lugar central en sus esculturas e instalaciones. Su trabajo señala un punto ciego de nuestra sociedad de consumo, cuyo lenguaje —como resultado de los procesos de branding y marketing— solo toma en consideración la experiencia final del usuario.
Exactamente, ¿cuándo y cómo una cosa se convierte en algo individual, un producto que nos habla, una entidad acabada y auto-contenida? Grilo está interesado en cómo los procesos de producción en masa tienden a entremezclarse con significantes que hacen alusión a la individuación, como calcos, firmas, huellas dactilares, cartas y errores. La producción en masa, la originalidad, la individualidad y la serialidad se tocan en su trabajo de forma inesperada. Las firmas están bajadas de internet, la pintura está concebida para que no seque y el desgastado del tejido de los vaqueros está producido industrialmente.
La tensión entre la creación de objetos singulares y los productos anónimos producidos en serie también es palpable en la posición que Grilo adopta como artista. Jugando con el grado de disociación con respecto al proceso creativo, Grilo se ha convertido en ocasiones en empresario —especialmente con el lanzamiento de una línea de pintura al óleo—. Para una exposición reciente en Londres, el artista escribió una carta personal como nota de prensa, en la cual afirmaba: “me distancié tanto del trabajo que, si mi piel fuera un poco más gruesa, se volvería de escayola”.
Su trabajo más reciente todavía da un giro más radical: ni tan siquiera es visible a simple vista. A pesar de que no pueda verse, Grilo ha marcado toda la exposición en los espacios de La Casa Encendida con huellas dactilares: paredes, puertas y mobiliario —incluso otras piezas que forman parte de la muestra—. Esas huellas evocan la promesa de una presencia única, cuando en realidad han sido completamente fabricadas: las huellas no pertenecen a nadie. Ha falseado aquello que se utiliza normalmente para identificar a un ser humano. Presencia y ausencia al mismo tiempo, el trabajo hace alusión a una de las preocupaciones centrales y constantes de Grilo: ¿qué constituye el individuo y en qué tecnologías nos apoyamos para que esa individuación se materialice?