1989 y 2019 son dos de los años más importantes a nivel social, estructural y cultural en la historia reciente de Chile. En 1988 ganó el “No” en el plebiscito sobre la dictadura de Augusto Pinochet y en 1989 tuvieron lugar las elecciones presidenciales. En el año 2019 comenzó el estallido social provocado por la subida del precio del transporte y numerosas injusticias e inequidades.
El proyecto 1989-2019 muestra una línea del tiempo público/privado de esta época de transición en Chile, donde diferentes hitos, personajes populares y temáticas se entrecruzan en diferentes momentos de estos treinta años, que coinciden con la edad del artista y conforman la visión e interpretación identitaria de Chile. La estructura del proyecto se configura desde una fase de investigación colaborativa previa al desarrollo de la obra en la que, partiendo de diferentes tópicos y temas, el artista ha colaborado con distintos colectivos y especialistas para investigar sobre estos treinta años de historia. Basándose en esta investigación, Simón Sepúlveda ha desarrollado treinta obras que vinculan y muestran temáticas relacionadas con la economía, la educación, el género, la vivienda, la migración, la ecología y las nuevas tecnologías.
La formalización del proyecto en forma de instalación mezcla muchas de las obras de nueva creación, principalmente textiles, con otras ya realizadas anteriormente. Los tapices tienen una doble lectura como soporte para el artista, primero como narradores de la historia y cotidianidad de las personas que los trabajan y, en segundo lugar, por la naturaleza de lo textil como elemento que cobija y protege aquello que lo usa, ya sea una persona o un espacio. Así, un tapiz hecho a mano, uno en jacquard o una bandera conviven e incluso se enriquecen entre sí como elementos contestatarios por excelencia en la historia de Chile. Además, la instalación incorpora fanzines y entrevistas para generar un diagrama circular que conecta diferentes medios y materiales en un espacio caótico.
La propuesta de Sepúlveda busca analizar a través del arte la época reciente de la historia de Chile, generando un relato personal e íntimo. El artista está convencido de que, partiendo de un conjunto de relatos particulares, se pueden construir una idea e identidad mucho más fuerte de un país. La intervención en el proceso de protagonistas relacionados con esta historia pretende explorar diferentes lenguajes y conectar distintas situaciones y temáticas a partir de un ejercicio tan simple como una línea del tiempo. Por último, Sepúlveda también reivindica en su obra el trabajo manual, especialmente el textil, como técnica válida en el mundo del arte contemporáneo, intentando desmarcarlo del rol secundario y doméstico que se le suele otorgar.