Mandatarios Siglo XX
Este proyecto trata de imágenes cotidianas del poder político y de la forma en la que quedan en nuestra percepción, que siempre tiene que ver con la memoria y con la historia que estas representaciones cuentan al margen de las Historias que ilustran.
El libro está formado por dibujos de jefes de estado y de gobierno del siglo pasado. Los catorce capítulos que componen este tomo no pretenden formular planteamientos históricos particulares, sino destacar aspectos de las formas de representación visual y de las formas de representación política.
En los dibujos, la reducción a la línea y al plano, sin perspectiva y sin volumen, invita a un distanciamiento que ayude a fijarse en las actitudes que se retratan y en los contextos y situaciones que rodean a los protagonistas.
El parecido de los personajes no del todo ajustado a las representaciones que solemos ver en los medios de comunicación o en los libros de Historia, que son las fuentes de donde se han obtenido, pero es suficiente como para que completemos las figuras con las imágenes que todos tenemos en la memoria.
El objetivo es crear sentido usando los resquicios que quedan dentro de la representación masiva para volver a permitir la entrada en el campo de la interpretación propia. Admito la dificultad de cumplirlo, pues siempre resulta costoso el reciclado de un material tan afirmativo del orden establecido, y es justamente esta dificultad la que me ha llevado a elegir una estrategia de representación aparatosa y “transparente” –transparencia que, paradójicamente, es tan ficticia como la que se da en los procesos de representación y gestión de lo público. La transparencia hace que las líneas se entrelacen, produzcan nuevas formas y descubran señas ocultas, reconsiderando las formas y actitudes que normalmente percibimos, sin más, como operativas ilustraciones de una noticia o de un hecho histórico.
Por otro lado, la apariencia de enciclopedia trata de hacer referencia a un tipo de forma de catalogación y taxonomía del saber, el saber enciclopédico, el saber legitimado por la institución, por las leyes y la tradición, que resulta a veces ciego a sus propias debilidades.
Al poder le encanta mirarse en su pantalla y es en ella en la que se está construyendo. No puede inventarse siempre, está atado por sus mismas estrategias porque ni su propia representación ni la Historia se sostienen solas; los gestos deben repetirse e identificarse con formas pasadas y futuras.
La escena política, al igual que el escenario de un teatro, se prepara antes de que dé comienzo la representación; ésta se desarrolla después: los actores, la performance, los aplausos, etcétera. Y requiere la complicidad de códigos compartidos con el espectador.
Estas imágenes que nos “ofrecen” nos proponen un doble camino: podemos ceder a sus deseos y dejarnos abrumar por su cantidad y legitimidad o podemos intentar trastornarlas nosotros a ellas.
¿Qué podemos hacer ante la sobrerrepresentación de los representantes del poder?
¿Cómo ganar el espacio para colocar estas representaciones en un orden propio?
¿Cómo ganar el tiempo de reflexión ante lo que nos “ponen” en la tele, en la prensa, en los libros de la escuela?
¿Qué es lo que pretenden estas representaciones?, ¿aceptación?, ¿reconocimiento?, ¿miedo?, ¿seguridad?
Preguntarse es la técnica que procura este proyecto, así como reinscribir los signos dados, tomar nuestra parte en el lenguaje considerando que las herramientas del mismo son susceptibles de ser manipuladas por todos los integrantes del juego. Lejos de tender a la estetización de la política que denuncia Benjamin, en su forma más literal, este trabajo pretende volver la mirada a lo que reconocemos como señas de poder e invitar a una reflexión sobre cómo vemos cada uno, en nuestro imaginario personal, esas manifestaciones.