Bauhaus en Marruecos.
– Haizea Barcenilla
Cuando Walter Gropius redactó el programade la Bauhaus, acorde con su mentalidad vanguardista, consideró que no se podían establecer límites en la admisión. Todo el mundo debía poder acceder al programa, independientemente de su edad o su sexo, así que la escuela reivindicó abrir sus puertas de par en par a las mujeres. Ahora bien, ocurre que quien menosprecia la capacidad de los sujetos a los que se dirige suele sentirse seguro al hacer propuestas de este tipo, pues confía en que no encontrarán respuesta: dentro de sus expectativas, eran pocas las mujeres que podían comprender el espíritu de la Bauhaus, y que por lo tanto desearían inscribirse. Cuál sería su sorpresa al descubrir que casi la mitad de las matrículas para el primer curso eran de mujeres.
Ante esta situación, Gropius se vio en la necesidad de dejarse de retóricas, utopías e idealismos, y de redirigir las ovejas al redil. Rápidamente se definió un taller que encajara con las «características femeninas», puesto que las mujeres, es bien sabido, ni ven en tres dimensiones ni pueden hacer esfuerzos físicos. Ese taller fue el de textil, el más duradero de la escuela y una de sus bases financieras. De él salieron brillantes artistas; algunas habían llegado a la Bauhaus queriendo ser arquitectas, pintoras o diseñadoras de interiores, y su extraordinaria creatividad acabó encontrando lugar en fantásticas obras textiles abstractas.
Incluso hoy en día, cuando se supone que la jerarquía entre disciplinas artísticas se ha desfigurado, hay quien ve en estas creaciones una simple alfombra, mientras que no percibe en las de Kandinski un simple dibujo. No es solo la funcionalidad lo que les confunde, ya que sabrían apreciar un mueble de Mies van der Rohe. Es el propio material, cargado de significados culturales que lo sitúan en un ámbito femenino, privado y decorativo. En cambio, quien se atreve a dejar de lado estos prejucios al mirar los trabajos textiles realizados por Anni Albers, Gunta Stölzl o Benita Otte aprecia en ellos la increíble fuerza del color, de la composición; el deseo de crear nuevas formas y de experimentar contexturas que en poco se diferencia con el que ponen de manifiesto las pinturas y esculturas de la época Más aún, en estos trabajos se aprecia brillantemente un elemento clave para la Bauhaus: la fusión entre el arte y la vida, la aplicación de los principios artísticos al día a día. Un elemento que otras mujeres, como Sonia Delaunay o Eileen Gray, también aportaban a su obra, saltándose a la torera de divisiones entre artes bellas y decorativas.
La creación textil fue para estas mujeres un modo de poner en práctica sus capacidades artísticas, al mismo tiempo que se transformaban en profesionales respetadas. Muchas de ellas fundaron marcas de diseño, convirtiéndose en sus propias jefas y permitiéndose libertad creativa difícil de conseguir en otros contextos. Esta independencia y el parecido formal conecta sus trabajos con los de muchas mujeres contemporáneas que, unidas en cooperativas, se amparan en la tradición textil femenina para crear piezas éticas y sostenibles, y trabajar de manera autoorganizada. Similares geometrías, similares abstracciones, contrastes potentes de color y composiciones equilibradas se tejen en ambos casos. Tal vez sea utópico pensar que las ideas de libertad, la experimentación y el deseo de una vida más justa y solidaria se plasman de formas parecidas en lugares y momentos tan distantes como la Alemania de los años veinte y el Marruecos de la década de 2010, pero ¿acaso no era la utopía el objetivo de las vanguardias?
Hilos en el cubo blanco.
– Rosa Lleó
Seth Siegelaub es conocido por su labor como comisario, durante los años sesenta y setenta, en relación al arte conceptual. Menos sabido es que se retiró del mundo del arte en 1972. A partir de entonces, se dedicó a publicar y editar textos de carácter marxista y a la investigación de algunos aspectos de la cultura popular, con especial interés en la historia social del tejido a mano. En 1986 funda el Center for Social Research on OldTextiles y en 1997 edita y publica la Bibliographica Textilia Historiae, la primera bibliografía general en la historia del textil. Siegelaub muere en 2013, y a partir de entonces parece que se mira con especial atención a este género en varias exposiciones y simposios por todo el mundo. Más allá de la recuperación de un género manual en una cultura donde lo digital impera, quizá lo realmente interesante sea mirar en torno al textil. Estudiarlo puede suponer hablar de temas tan importantes como la historia colonial, el género, el liberalismo económico, la industrialización y la gentrificación en las ciudades.
La exposición The Stuff That Matters. Textiles collected by SetH Siegelaub for the CSROT en Raven Row, Londres, inició este interés ya en 2012. Además de mostrar una gran cantidad de objetos de una colección impecable, desde tejidos precolombinos a sedas del siglo XVIII, el contexto del edificio de Raven Row se hacía visible como un antiguo almacén de venta de seda del distrito de Spitalfields. A través de documentos, se mostraba cómo este comercio tuvo, durante el siglo XVIII, un embargo de sesenta años que causó la desaparición de esta industria en el este de Londres. Desde los años noventa, Spitalfields se ha convertido en la zona de ocio de los trabajadores de la City — la ciudad financiera—, llena de antiguas fábricas y almacenes redecorados como bares y tiendas.
Textiles Art and the Social Fabric fue una exposición que tuvo lugar en M HKA (Amberes) a finales de 2009, comisariada por Grant Watson, uno de los más interesantes investigadores sobre este tema en la actualidad. En esta exposición, el textil servía para ver cómo ciertos artistas habían utilizado este medio para expresar su identidad, para hablar del trabajo, de la protesta o incluso para lograr generar un display específico y diferente del tradicional, que activara otro tipo de percepción. La muestra hacía especial hincapié en la categorización del textil en un lugar fronterizo y menor, situado cerca de las artes aplicadas y, precisamente por ello, con un gran potencial para representar ciertos discursos. Una de las obras expuestas fue On the Nature of the Beast, un tapiz diseñado por la artista polaca Goshka Macuga con la producción de una compañía especializada en la región de Flandes. Este tapiz era una interpretación del proyecto que la artista realizó en la Whitechapel Gallery de Londres en 2009. Para este proyecto, Macuga tomó prestada la versión en tapiz del Guernica de Picasso que se sitúa como fondo de las reuniones y conferencias que se celebran en las Naciones Unidas. La obra incidía en el episodio concreto ocurrido durante la guerra de Irak, cuando se decidió cubrir el tapiz con una tela negra.
Otro uso histórico del textil que aparecía en esta exposición fue el de Hélio Oiticica con los Parangolés (1964-1965): capas, estandartes o banderas para ser vestidas o cargadas por el participante en un happening. Las capas estaban hechas con tejidos de colores que hacían que, cuando la persona se movía, el color generara un dinamismo en el espacio asociándose con la danza y la música. Con el Parangolé se proponía al espectador vestirse en el color en lugar de meramente contemplarlo. Este simple acto liberaba al participante del dominio de la sensación visual. Durante el happening, el uso del textil transformaba la experiencia de la arquitectura en un lugar flexible donde definir espacio público y privado.
Textiles Art and the Social Fabric fue una exposición que sirvió de excusa para estudiar varios conceptos a través de una serie de textiles. Hablar del Parangolé permitió hablar del cuerpo hacia el espacio arquitectural y político, como una interfaz entre la subjetividad humana conectada al vestir, al lenguaje corporal, al gesto y, en consecuencia, incluso a la expresión directa en pancartas políticas. En la historia del arte, aunque considerado un arte menor, el textil ha sido una constante, fundamentalmente relacionado con el trabajo de mujeres artistas. El textil articula todos estos significados sociales y se manifiesta en diferentes formas, desde el tapiz hasta la ropa y la pancarta. En este breve texto tan solo se han podido apuntar tres ejemplos, pero, tanto a nivel teórico como de producción, existen actualmente numerosos artistas trabajando en relación a dos de las facetas que hacen del textil un género apasionante y de fundamental importancia: el hacer resonar las condiciones laborares de alguna región industrial y su desarrollo capitalista, pero, sobre todo, también en relación a la idea de una percepción alternativa que pueda generar la posibilidad de crear un momento comunitario de creación.
I. Grant Watson fue invitado al seminario Textiles: Open Letter: ¿Cómo exponer tejidos? organizado por Bulegoa (Bilbao) en 2013. El seminario contó con la presencia de invitados internacionales que analizaron, a través de casos específicos, distintas historias y usos de este género en las prácticas artísticas.