[Gen.2020]

Javier Arbizu

(Estella, 1984)

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Artista, comisario y gestor cultural, Javier Arbizu vive y trabaja en Bilbao. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y máster en Bellas Artes (MFA) por el San Francisco Art Institute de California, ha recibido la beca Fulbright del San Francisco Art Institute; la beca Segundo Vicente de la Fundación Vicente y García Corselas de la Universidad de Salamanca; la beca de Ampliación de Estudios Artísticos y Ayudas para Proyectos de Artes Plásticas del Gobierno de Navarra; la beca de Gestión Cultural MAEC-AECID para prácticas en la Embajada de España en Sudán, Sudán del Sur y Eritrea; y la beca Erasmus para la realización de un curso de intercambio en la Kunsthochschule Kassel de Alemania.

 

Entre otras, ha realizado residencias en la Academia de España en Roma, la Blueproject Foundation de Barcelona, BilbaoArte y el Kulturabteilung Vorarlberg-Kunsthaus de Bregenz (Austria). Ha sido galardonado con los premios Anne Bremer Memorial, Murphy and Cadogan Contemporary Art Award e Inéditos de la Casa Encendida.

 

Ha expuesto obra en el Museo Fundación Jorge Oteiza, la Blueproject Foundation, ArcoLisboa, Volta Basel, Scope Miami Beach, ArteSantander, Centro de Arte Contemporáneo Huarte y Centre Cultural La Nau de Valencia, así como en las galerías Lisi Hämmerle de Bregenz, Ángeles Baños de Badajoz, Espacio Valverde de Madrid y Diego Rivera y SOMArts de San Francisco.

Knee-deep

2020

Esculturas de bismuto. 2 estructuras de metal y cristal
203,5 x 232 x 35 c/u

Imágenes edición Generación 2020 ©Manuel Blanco/La Casa Encendida 2020

Imágenes exposición Veinticuatro años y un día ©Maru Serrano/La Casa Encendida 2025   

El bismuto es un metal frágil, pues su ductilidad y maleabilidad es nula. Aun así, será el último elemento en desintegrarse en el universo. Debido a que se expande al solidificarse, su cristalización genera maclas escalonadas y la capa de óxido de su superficie provoca el fenómeno conocido como interferencia en láminas delgadas, mostrando al ojo humano los colores del arcoíris. Irónicamente, pese a estar rodeado de metales peligrosos para el medioambiente, es poco tóxico y relativamente barato, considerando su escasez y la dificultad de encontrarlo, ya que no parece importante para ningún sector de la industria ni la medicina. Además, pese a que no existe de manera natural en ninguna forma de vida, es el metal que parece tener un mayor deseo de comunicarse con nosotros.

El trabajo de Javier Arbizu con este material pretende articular la elusiva idea de una materialidad que es, en sí misma, heterogénea, en sí misma un diferencial de intensidades, en sí misma una vida. Así, continuando con sus trabajos anteriores, el artista parte de diferentes fragmentos del cuerpo humano, como cabezas, orejas, dedos o espaldas, para presentar una serie de esculturas huecas hechas con bismuto. El interior de las mismas contiene cristalizaciones en forma de maclas escalonadas que reflejan los colores propios de la oxidación, mientras que en la superficie exterior se aprecia tanto la textura de la piel del modelo humano como las arrugas y grietas propias del metal, en una suerte de dialéctica entre lo humano y lo metálico, entre lo líquido y lo sólido, lo frágil y lo imperecedero.

El trabajo de Javier Arbizu pretende así articular un materialismo vital donde no hay ningún punto de quietud pura, ningún átomo indivisible que no esté dotado de fuerza virtual. El proyecto Knee-deep toma como referencia el motivo medieval del hombre como representación en miniatura del cosmos (microcosmos) y su recíproco, el cosmos como representación a gran escala del hombre (macroanthropo), planteando la paradoja de un algo pequeño dentro de algo grande y un algo grande dentro de algo pequeño. Un lugar en el que lo semejante conoce a lo semejante y cuyo fin es pensar en la afinidad entre el hombre y el mundo, entre lo exterior y lo interior, lo universal y lo particular.