Conversaciones logísticas
Un relato objetivo a partir de The Role Of Unintented Consequences (Sofa Compact), de Eva Fàbregas
—Juan Canela
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—Pues a mí esto me parece una falta de respeto. Al menos, podrían comunicarnos cuál es nuestro destino; no quiero terminar en una oficina junto a una Billy cualquiera… —le comentaba Compact7 a Compact1, uno de los compañeros de contenedor.
—Yo prefiero no saber dónde voy a saber que estaré toda la vida en el mismo lugar y que no podré conocer nada más allá de unas millas a la redonda de la fábrica… como un sofá no desmontable cualquiera…
—Al menos, ellos tienen dignidad: no los desmiembran y los encajan en estos embalajes como a nosotros… No entiendo cómo hemos llegado a esto, descuajaringados y envueltos en estas vulgares cajas… ¿Qué es lo siguiente?, ¿muebles de cartón?
Era la primera vez que Compact1 y Compact7 hacían un viaje de estas características. Totalmente desmontados y acomodados en cajas, eran parte de la carga de Ideal-X, el primer buque de contenedores que zarpó de Nueva Jersey con destino al puerto de Houston, Texas, sin apenas tripulación, una mañana de abril de 1956. Compact1 y Compact7 eran sofás Compact, el primer sofá desmontable y listo para ser transportado de forma ligera y con coste mínimo, que había sido diseñado un par de años antes por Charles y Ray Eames. Durante los cinco días que duró el trayecto, tuvieron tiempo de charlar con sus compañeros de viaje, otros Compact que serían luego distribuidos en camiones y conducidos a distintos puntos de Estados Unidos y Latinoamérica.
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Por aquella misma época, pero a miles de kilómetros, una soleada tarde de otoño, Lövet1 sentía cómo le aserraban las patas. No daba crédito a lo que estaba sucediendo, pero Gillis Lundgren, uno de los primeros diseñadores de Ikea, había decidido cortar por lo sano para poder meterla en su coche y que no sufriera daños durante el transporte. Lövet1 era una mesa de centro de madera, uno de los primeros productos de la firma sueca.
—Gillis, querido, ¿has pensado en lo que sentirías si te cortaran las piernas con un serrucho para meterte en el maletero de un coche? Te aseguro que no es muy agradable… Lundgren no contestaba, y Lövet1 no podía dejar de preguntarse por el significado de su relación y hasta qué punto ella le importaba a Gillis o era un simple objeto que utilizaba para apoyar los pies mientras miraba la tele o leía revistas de diseño. Ella no podía saber que este episodio provocaría que Ikea decidiera apostar, como conceptos clave de la marca, por paquetes planos y muebles automontables que podían ser fácilmente construidos por el usuario en casa.
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No imaginaban entonces aquellos muebles que estaban siendo pioneros en un momento crucial en el desarrollo del mundo contemporáneo. En la siguiente década, la producción industrial, centro del desarrollo de la economía de mercado capitalista hasta entonces, dejaba paso a la distribución como engranaje clave en el motor de la máquina. La economía se transforma, el mercado se hace global y transfronterizo articulado por la logística, que engrasa las piezas para que todo fluya. Las rutas de mercancías, ya sea por tierra, mar o aire, generan una auténtica amalgama de itinerarios transitados por grandes contenedores repletos de objetos de consumo, que pasan a ser, paulatina pero inevitablemente, deseados por el consumidor.
Sobre estas cuestiones conversaban animadamente Dúplex5, un taburete Dúplex diseñado por Javier Mariscal en los años ochenta, y BKF7, una silla de vaqueta moca BKF diseñada por un arquitecto catalán y dos argentinos que se encontraron en Buenos Aires tras pasar por el taller de Le Corbusier en París. Ambos muebles, tras haber hecho ya varios trayectos marítimos, se hallaban en otro contenedor que descansaba en el puerto de Róterdam esperando a ser cargado en un tráiler que lo llevaría a Moscú.
—¿Imaginarían las especias y sedas que en el siglo xiii Marco Polo transportaba por la Ruta de la Seda que estaban estableciendo una de las primeras rutas comerciales transfronterizas, y quizá la primera globalización colonizadora? —comentaba Dúplex5—. ¿Qué nos diferencia de aquellos productos que transportaban a caballo o camello?, ¿somos tan distintos?
—Supongo que en esencia somos lo mismo, pero la escala ha cambiado; y también quizá la importancia de nuestra presencia en el mundo y las relaciones que se establecen con otros objetos y humanos. Míranos, una silla argentina y un taburete español en un camión camino a Moscú…
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Hacía ya una década que había llegado el nuevo milenio. Las nuevas tecnologías habían posibilitado que la logística fuera todavía más allá, la globalización había convertido el mundo en un espacio común, las rutas seguían multiplicándose y los bienes de consumo recorriéndolas; eso sí, casi siempre en los mismos sentidos.
Billy156 era una estantería Billy, también de Ikea. La primera de su estirpe nacía en 1979, con la dinámica de funcionamiento y distribución ya a pleno rendimiento. El mismo Lundgren estaba desayunando en un café mientras garabateaba algunos bocetos en una servilleta. Llevaba tiempo pensando en una estantería para libros que fuera funcional y flexible, pero también atractiva y atemporal, y acabo concibiéndola. Billy156 seguía resistiendo en el salón principal de la vivienda, pero, con el paso de los años, muchos muebles habían ido desapareciendo. Ahora convivían en armonía muebles de diseño de los años sesenta y setenta con otros contemporáneos, e incluso con cosas que se habían encontrado por la calle (Billy156 seguía sin poder entender este punto, pero ya se había acostumbrado a ello). Con el tiempo, el ecosistema del salón se había ido modelando, dando lugar a ciertas relaciones y dinámicas entre sus habitantes. Billy156 solía tener discusiones a menudo con Achille&Castiglioni7, una lámpara de diseño concebida en los sesenta:
—¿Te crees más especial que el resto por tener una base de mármol o un diseño singular? Más bien parece que se te haya torcido el cuello…
—afirmaba Billy156.
—Nada más lejos, querida Billy. La cuestión es que, si yo no diera luz, a ver cómo leían esos libros tan interesantes que albergas en tus estantes… —contestaba Achille&Castiglioni7.
—¿Y dónde creéis que se sentarán a leer esos libros mientras alumbra tu bombilla? —Compact246, primo lejano de aquel primer Compact, ahora con una funda estampada y los muelles más engrasados, intervenía en la conversación—. Desde el principio de los tiempos, el sofá es el centro de la casa. Sin nosotros difícilmente funcionaría el resto.
—Por favor… ¿de verdad pensáis que nuestro único valor estriba en la utilidad que tenemos? ¿Donde dejáis la estética, la importancia y el valor de hacer este espacio habitable, más allá del uso? —Quien hablaba ahora era Fang9, una máscara ceremonial (como aquellas que coleccionaban los cubistas) que colgaba de la pared.
—¡Y tú que lo digas! —exclamó Coralito23, un coral decorativo de las Maldivas—. Lo que está claro es que somos esenciales para que el mundo gire. Y ya es hora de dar un paso adelante y ser nosotros los que marquemos nuestro propio camino —dijo, antes de dar un salto de 180 grados y salir andando por la puerta, maceta en alto.