Select the Right Location
—Katerina Gregos
A lo largo de los años, la artista multidisciplinar Anna Moreno ha explorado sistemáticamente la relación del arte con la política, el activismo, la democracia y los derechos civiles, y el papel del arte como instrumento de cambio social La ideología y el comportamiento humano están entre sus intereses fundamentales. Su obra -que asume diferentes formas, como la performace, el video, la fotografía y la instalación despliega diversas prácticas colaborativas o colectivas, y explora tanto la ética como la estética del compromiso social del arte, así como sus mecanismos y su eficacia. Select the Right Location, su trabajo más reciente, consiste en una obra teatral rodada en vídeo. Forma parte de un proyecto en curso más amplio titulado The Barnum Effect en referencia a P.T. Barum, el rey del circo estadounidense, artista y primer empresario millonario del show business. Barnum escribió varios libros, entre ellos The Art of Money Getting (188o), donde expone sus reglas de oro para ganar dinero. Cada pieza de The Barnum Effect toma su título de uno de los capítulos de este libro (entre ellos figuran, por ejemplo, Don’t Mistake Your Vocation, Don’t Get Above Your Business o Learn Something Useful).
En el campo de la psicología, el efecto Barnum designa la credulidad de los individuos cuando leen descripciones de sí mismos, es decir, el hecho de que atribuyen altos índices de acierto a descripciones de su personalidad que supuestamente han sido realizadas específicamente para ellos pero que, en realidad, son vagas y podrían aplicarse también a muchos otros individuos. El término surgió por el famoso aforismo de Barnum: «a cada minuto nace un idiota».
Por extensión, esta credulidad ha sido explotada por muchos empresarios capitalistas. En su proyecto, Moreno despliega afirmaciones de Barnum trasladándolas del ámbito económico al contexto artístico y, explorando, posteriormente, el vínculo entre el arte y su economía, el papel del artista en la sociedad y el sistema económico, y la cuestión del trabajo inmaterial – considerando el hecho de que la artista es una de las trabajadoras cognitivas posfordistas arquetípicas.
La trama de Select the Right Location gira en torno a cinco personajes — todos ellos artistas que representan diferentes posturas en el mundo el arte— que, ante las inundaciones sufridas en su ciudad, buscan refugio en el tejado de un museo de arte contemporáneo. Cada uno de ellos rescata de la catástrofe un objeto valioso. Mientras esperan a que la inundación remita, hablan sobre su pasado y sobre su dilema actual, y reflexionan sobre el lugar que ocupa el arte en la sociedad y sobre sus propias posturas. Tres de los personajes de la obra están identificados con números (1, 2 y 4) y los otros dos, con nombres propios (Vladimir y O.). Los nombres de los primeros representan estereotipos, mientras que las denominaciones de los segundos remiten, específicamente, a la transcripción de la conferencia de Stephan Dillemuth The Hard Way to Enlightenment, que considera las opciones de un artista plástico con respecto a una esfera pública cambiante, y a Esperando a Godot, de Samuel Beckett, en una referencia al clima reinante en la obra, donde, si bien es poco lo que sucede, se sacan a colación y se debaten numerosos temas y problemas pertinentes. Como en la obra de Beckett, en Select the Right Location también se aborda la simbiosis y la dinámica de la coexistencia en circunstancias absurdas o extrañas.
Como es característico, el museo está emplazado en un área urbana anteriormente degradada y se ha construido para regenerar la zona y fomentar la creatividad entre las clases más bajas, una contradicción intencionada. Nosotros, sin embargo, no vemos nunca el museo. El vídeo de la obra está rodado sobre un fondo croma verde, por lo que los espectadores deben hacer un ejercicio activo de imaginación para concebir el emplazamiento y el diluvio circundante. La obra final tiene forma de videoinstalación e incluye la versión filmada de la pieza, el guion y un grupo de objetos: una reproducción de un ídolo pagano (que representa un fetiche, un objeto de veneración, una encarnación del «otro»), una emisora de radio amateur (el único objeto realmente útil en la obra, en alusión al problema de la eficacia social), un pequeño péndulo de Foucault de fabricación casera (que simboliza el hecho de que, por muy difíciles que sean las cosas, la vida continúa), un disco de The Smiths que contiene la canción Ask (que defiende abiertamente el uso de la violencia como motor del cambio) y una colección de elementos promocionales de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 (que alude a la comercialización y al marketing, así como a una nostalgia mercantilizada del pasado). Estos objetos se muestran y se utilizan durante la película, así como en el espacio expositivo.
Una gran parte de la acción se centra en el estado de espera. Mientras los artistas aguardan a que amaine la tormenta, cavilan sobre su situación presente y futura, y especulan sobre diversos planes de acción que reflejan sus respectivos rasgos de carácter, en algunos casos contradictorios. Al final, dándose cuenta de que están en un impasse artístico y social, la ocupación del museo resulta ser la única alternativa, y los artistas deciden quedarse. No obstante, esta ocupación no es ni activa ni violenta, sino más bien pasiva, representativa de una neutralidad benigna, acomodaticia, o de una incapacidad para actuar que también podría interpretarse como un caso de interpasividad. Acuñado por el filósofo austriaco Robert Pfaller por oposición a «interactividad», el término «interpasividad» lleva aparejado «un placer o un consumo delegados» y es un síntoma de nuestra sociedad tecnológica en red, en la que experimentamos las cosas a través de otros o por mediación de dispositivos tecnológicos. Designa la renuncia a la responsabilidad del compromiso y el recurso a otras cosas o a «otros» para que hagan las cosas por nosotros. Un ejemplo son las audioguías de los museos, que supuestamente median entre la exposición y los visitantes pero que, muy a menudo, nos llevan a pasar por alto las propias obras de arte y a limitamos a escuchar el texto; un texto que, de hecho, nos dice lo que tenemos que pensar, eliminando la posibilidad de que nos formemos nuestras propias ideas o extraigamos nuestras propias conclusiones. En la actualidad, el compromiso político también se desarrolla cada vez más en estas condiciones, a través de peticiones online y en las redes sociales que no siempre producen un cambio directo pero que, sin embargo, nos procuran un sentimiento de implicación. A mi modo de ver, la interpasividad encaja a la perfección con el orden neoliberal, puesto que contiene un elemento de renuncia y evita la interacción directa y el conflicto.
Esta es solo una de las complejas cuestiones que plantea la obra. ¿Es la interpasividad, por ejemplo, la única postura radical posible en la actualidad, como sostiene Slavoj Žižek, o se limita a reforzar el impasse en el que nos encontramos actualmente? En general, la cuestión de la pasividad y, por extensión, la crítica pasiva que plantea el mundo del arte es otro tema recurrente, junto con otras cuestiones que recientemente suscitan un gran debate, a saber: ¿tiene el arte una responsabilidad para con la sociedad? ¿Puede o debe contribuir el arte al cambio social; y, de ser así, ¿de qué manera? ¿Puede o debe el arte cambiar el mundo? ¿Puede el arte ser útil?; y, en caso afirmativo, ¿cuál es su utilidad precisa? ¿Es posible adoptar una postura radical hoy en día, teniendo en cuenta que prácticamente todo está institucionalizado o comercializado? ¿Qué pasa con la ética del mercado del arte y con la complicidad del mundo del arte con el poder económico? La obra esboza simultáneamente varias posturas y contradicciones, y critica el «ombliguismo» interesado del mundo del arte, que predica ideales altruistas que no necesariamente practica. También aborda y critica la necesidad incesante de justificar la cultura desde un punto de vista económico, y los criterios económicos a los que cada vez está todo más sujeto, así como la naturaleza precaria del trabajo artístico. Alude a la desilusión actual respecto a la noción de democracia, a la pasividad sistémica de los ciudadanos, a las posibilidades o los límites de la resistencia y a la creciente renuncia a la responsabilidad cívica y el compromiso político, que se canjean por comodidades consumistas —las cuales encubren los recortes de las libertades civiles y otras libertades. Por último, cuestiona el papel del museo: ¿es el museo un puerto seguro real, o es redundante, está desconectado de la sociedad y de sus problemas? Aunque la obra refleja el malestar socioeconómico e ideológico predominante en nuestra era neoliberal globalizada, no toma postura — dejando que sea el espectador quien la tome, sino que, más bien, expone los enredos entre el arte, el dinero y la política, y el doble rasero y la hipocresía que a menudo subyacen a esta relación, al tiempo que esboza las distintas posturas ideológicas que existen en este sistema.
En Select the Right Location, Moreno ahonda en su preocupación constante por la forma en la que el arte trata con la política, el activismo y la acción directa; una preocupación que la artista ya había manifestado recientemente en proyectos como Radical Colophon, un discurso en directo, que tiene lugar en un espacio que cambia constantemente, celebrado en la sala W139 de Amsterdam a principios de año, así como en otros capítulos de The Barnum Effect. Su obra es representativa del actual y creciente debate en torno a los conceptos del uso y el valor del arte en la actualidad, su postura y su papel en la sociedad contemporánea, y las cuestiones anexas del dinero y el mercado, por contraposición al contenido y a los propósitos políticos y sociales. ¿Qué valor tiene el arte en la actualidad en términos no monetarios? ¿Por qué lo necesitamos y qué esperamos de él ¿Es posible desligar el arte de las fuerzas dominantes del mercado y de su creciente comercialización y profesionalización burocrática? ¿Tiene el arte aún un poder revolucionario capaz de contrarrestar las fuerzas del capital y del statu quo político? En ese sentido, la obra de Moreno se acerca sensiblemente a un buen número de prácticas críticas y performativas que abordan problemas de economía, colectividad e ideología similares, como las de Chto Delat, Wendelien van Oldenborgh, Nicoline van Harskamp, Marinella Senatore y Goldin+Senneby, por mencionar algunos ejemplos.
Al final, Select the Right Location trasciende las problemáticas del campo de la cultura y traduce de manera latente pero elocuente la incomodidad que sienten tantos individuos en el mundo tras el optimismo del movimiento Occupy y la Primavera Árabe; expresa la desilusión que ha calado en el campo de la cultura en Europa como consecuencia de los recortes presupuestarios, manifiesta la frustración de ciudadanos preocupados y enfadados con la pérdida de libertades civiles y derechos sociales pero que no saben cómo reaccionar frente el statu quo económico y político. Y señala la dicotomía del mundo del arte, que está dividido entre una facción que se pliega al mercado y otra que sigue proclamando sus ideales izquierdistas a los cuatro vientos mientras ignora una cierta complicidad con las estructuras comerciales o institucionales que garantizan su supervivencia. En definitiva, la cuestión última que se expone es la de cómo redefinir el papel del arte en tiempos de incertidumbre y crisis. Porque una cosa es segura: ni plegarse a los designios del mercado ni criticar pasivamente los males de la sociedad parecen bastar en este momento.