Tengo un cuaderno. Es pequeño; de esos que tienen las hojas traslúcidas, de papel de croquis. Lo llevo siempre a todas partes. Empiezo a dibujar por el final y así. al volver a él. aparece superpuesto todo lo anterior.
Últimamente el cuaderno se ha llenado de espacios. Ayer, al abrirlo, descubrí uno nuevo, que yo no había dibujado. Parecía real, pero al mirarlo detenidamente resultó no ser más que producto de la imaginación de mi cuaderno.