Definido como un «intercambio de plantas y remedios entre España y Colombia, conjuros, recetarios y medicamentos», este proyecto nace desde un interés por las plantas y las representaciones culturales de la naturaleza, así como por las metodologías nómadas de trueque y reciclaje, unido a una práctica continua del dibujo y la fotografía. Se propone como un intercambio biológico y cultural a partir de un trueque con las plantas, perfumes, comida y remedios, y una forma de agradecer a la palabra la sanación a través de las plantas. Dibujos, fotos, plantas, medicinas, objetos, entrevistas, imágenes de plantas que brotan de lo perceptual y recolección de un discurso alrededor de esas imágenes, un texto poético visual escrito en un carro de yerbatero, como los que se ven habitualmente en los mercados y calles de Bogotá, como si fuera al mismo tiempo la mesa del dibujante, el carro del reciclador y el escritorio del ejecutivo que exporta plantas. Un discurso que tiene olor, sabor, textura y que invita a manipularlo por medio de la traducción de saberes sobre las plantas y el acarreo y los trasteos de la palabra. Dibujar con la palabra, dibujar con el material, dibujar y hacer el cruce, dibujar y cambalachear.
El trueque entre la planta y el hombre es un cambalache entre sus mismos cuerpos y mundos. Las plantas como materiales espirituales y artísticos, conceptuales y matéricos, como medio de conocimiento. El arte como remedio, como comida y alimento, como forma de curación y de conocimiento, individual y colectivo. Arte para curarse a uno mismo y a los demás, incluso de la enfermedad del arte. La enfermedad es la misma curación. La intoxicación y la embriaguez son la misma cura, igual que en la homeopatía se administran dosis mínimas de veneno para curar. La enfermedad es el distanciamiento entre la necesidad del arte que vivimos y el sentido que le damos, como individuos y como cultura.