Eroa investiga a través de la escultura cómo las estructuras arquitectónicas domesticas construiads para el núcleo familiar en Europa Occidental a partir del siglo XX dificultan o facilitan ciertos tipos de interacciones entre cuerpos, cómo afectan la coexistencia de deseos y cómo repercuten en los modelos relacionales de convivencia e interacción erótica dentro del espacio doméstico.
Paredes, cuartos, dimensiones del mobiliario… ¿Qué forma tienen estas estructuras y cómo se comportan? ¿Cuántas personas las habitan? ¿Qué tipo de cuerpos? ¿Qué tipo de intimidades impulsan? ¿Están cerca o lejos? ¿Juntas o separadas? ¿Cómo afectan estas estructuras formales la construcción de la pareja, la familia y el amor?
Todas ellas cuestiones que se plantea la artista partiendo de Eros, desde el encuentro con el Otro como componente estructural, es decir, desde donde este se construye. El proyecto Eroa, que en euskera significa “»loca”, hace clara referencia a Eros y a su capacidad intrínseca de agitar las emociones.
El trabajo propone una habitación dentro de una habitación, una matrioska, donde una familia de objetos y estructuras interdependientes proponen alternativas formales a la estructura tradicional del hábitat. Partiendo de objetos como el biombo, la cama, la silla, el banco, las escaleras… la artista realiza una experimentación formal de encuentros y estructuras comunales que albergan la ausencia de cuerpos superpuestos, utilizando materiales habituales en su práctica artística.
Durante el proceso de taller, Aurrekoetxea Extebarria ha contado con la compañía de un grupo de lectura colectiva y de performers para debatir y compartir los textos que acompañan la investigación y explorar el lenguaje corporal y verbal mediante el movimiento y el contacto que tiene lugar dentro de la arquitectura doméstica a través del cuerpo y de ejercicios de improvisación.